martes, 3 de octubre de 2017

GOTTARDI VESTIDO DE AZUL


 

En la década del ochenta Independiente Santa Fe tuvo dos jugadores que se robaron el cariño de la hinchada cardenal gracias a su trabajo en el campo de juego y a su amor por la divisa bogotana: Hugo Ernesto Gottardi y Carlos Fernando Navarro Montoya.


Era aquella una época de triunfos morales y logros mínimos. Solo hasta 1987 y 1988 se alcanzaron a acariciar un par de estrellas que no se pudieron cristalizar únicamente por el tenebroso poder de la mafia representada en la figura de Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano,  quien puso de ganador en esas dos temporadas, con dinero y revolver en mano, al equipo de sus amores.

Pasado mucho tiempo después Gottardi volvió a Bogotá como invitado especial para un clásico, en el que todos ruidosamente celebramos su presencia (de ese reencuentro existe una entrada en este blog), y esa vez Santa Fe derrotó con suficiencia a Millonarios 4-2.

Gottardi para esa hinchada bogotana de aquel entonces, que en la actualidad pasa de los cuarenta y tantos años de edad, fue un referente inolvidable de un tiempo pasado sufrido pero también mágico. Es esa la hinchada que hoy lo ve con un dejo de tristeza y decepción cuando lo observa sentado, serio, distante y vestido de azul en el banco norte del estadio El Campin de Bogotá.

La otra hinchada, la reciente, la de los muchachos jóvenes, la que canta, anima y salta a todo momento, la de las banderas gigantes y las bengalas no lo conocen, no sabe quién era, no supieron de sus gestas pues ni siquiera hay archivos de televisión para ver sus goles. A esta hinchada le da igual que ahora esté al comando del equipo rival. Quizá algunos habrán oído hablar de él por sus padres pero les sonará muy lejano. En verdad, los progenitores de estos muchachos seguramente no se habían conocido siquiera cuando Gottardi inflaba ya las redes de los estadios colombianos.

No hay que culpar a nadie, simplemente los tiempos pasan. La vida es un común olvido y una comparsa de intereses particulares. Igual sucedería si en treinta años Omar Pérez, ídolo de ídolos del presente, aceptara trabajar en Millonarios. Esa futura hinchada (los hijos de estos muchachos) solamente lo conocerían por los recuerdos de sus padres. Claro que esta vez sí habría archivos para reconfirmar sus logros, pero nuevamente yo apostaría que les importaría poco.

Pues bien, esta vez para Gottardi no hubo lienzo gigante en las tribunas, ni para reprocharle su "traición" ni para saludarlo. Para la hinchada cardenal del presente, Gottardi no existe. Reitero, la muchachada frenética no lo conoce.

Alguien dirá que Gottardi es un profesional y que necesita comer como usted y como yo, que hace rato jugó en Santa Fe y que andaba desempleado. Otros diremos que los verdaderos ídolos del futbol (trabajo que no es comparable con otra profesión porque despierta pasiones y emociones de todo tipo) deben estar hechos de otro material y no pueden ceder ante las tentaciones del dinero que proviene del supuesto "enemigo".  Y ojo que no dramatizo nada. Es que cambiar de equipo en este caso tan particular no es tan simple como dejar la empresa en la que se ha laborado toda la vida para irse a la competencia. Los que entienden el futbol como un sentimiento me entenderán.

Por ahora Gottardi seguirá sentado en el banco norte de El Campin, con cara de aburrido, quizá simulando celebrar algún gol del equipo que ahora lo contrató y le paga. Gottardi es ahora simplemente el asistente técnico de Miguel Ángel Russo, director técnico de Millonarios y su presencia en Bogotá entusiasma a muy pocos. Cómo cambia la vida, los viejos hinchas cardenales lo miramos ahora con una mezcla de melancolía y desencanto. Por su parte, la hinchada joven lo ignora y lo desestima. Su esmalte brillante de ídolo y héroe de El León bogotano parece descascararse y en su reemplazo surge una pintura muy tenue que le da ahora la imagen de un ser anónimo y desconocido.

Si a Gottardi me lo encontrara en una esquina bogotana lo abrazaría con inmenso cariño y le diría que fue el súper héroe de mi niñez, pero tal vez después del saludo y de la inmensa alegría de tenerlo cara a cara, lo miraría a los ojos y le preguntaría: ¿por qué?

 

 

domingo, 3 de septiembre de 2017

DETECTIVE SANTRÉ – EL CASO CHANG



La novela negra colombiana tiene ahora un detective peculiar que vive en un barrio tradicional bogotano. Un intelectual bohemio que reparte su tiempo enseñando clases de literatura en universidades y resolviendo misterios en una ciudad tan convulsionada como Bogotá. Los diferentes casos que enfrenta este profesor universitario, que por los azares y albures de la vida termina volviéndose detective privado, ocurren dentro de una mole de cemento tan agresiva e incierta como Bogotá. Santré, el detective en cuestión, intenta entonces solucionar enigmas urbanos relacionados particularmente con asesinatos y desapariciones. Y en ese camino también narra su vida, sus tristezas, debilidades y gustos.
En cuanto al estilo narrativo que usa Julián Nalber se puede decir que es simple, espontáneo y ante todo amateur, este último adjetivo enunciado por el mismo autor: “en la novela hay varias imperfecciones, este es un tiro al aire que se seguirá disparando hasta que dé o se acerque al blanco pues continuaré paulatinamente con nuevas aventuras del personaje”.

Si hablamos de influencias, es obvio que se reconocen en su narrativa rastros de los autores sobresalientes del género  negro. En especial el policial duro español, argentino y chileno. Todos adaptados, de cierta manera, al escenario colombiano. La novela en concreto sigue un modelo de episodios cortos y sencillos de fácil lectura, todos ellos cumplen con el simple objetivo de entretener. En realidad, no parece haber mayores pretensiones estéticas o vanguardistas. Lo que queda como eco después de leer esta corta novela es el deseo del autor de crear una saga.

Los lectores que se enfrenten a esta primera historia de aventuras, muy probablemente se engancharán desde el principio y quizá algunos quedarán interesados con miras a una potencial segunda novela del mismo detective.

En cuanto a las expectativas de la novela para su autor parecen haber muy pocas pues como él mismo lo comenta irónicamente lo que espera es que: “algunos lectores la lean, se diviertan y que, en un futuro, tal vez en 30 o 50 años un alumno vago pero inteligente de un colegio distrital de Bogotá escriba un ensayo acerca de esta u otra aventura del protagonista”.

A la pregunta de dónde se puede conseguir la novela Detective Santré – EL caso Chang, Nalber responde:

“La distribución de un libro es muy difícil. Si no estás firmado por una editorial poderosa, si no tienes padrino o madrina en el medio o en los medios de comunicación; si no cuentas con recursos para hacerle publicidad a tu trabajo o un agente literario que te lleve un itinerario comercial (negocios), lo más seguro es que estés condenado al anonimato. Sin embargo, en el presente hay nuevas formas de promoción y los autores independientes pueden hacer un poquito de bulla que en el pasado no se podía. Ya hablando de la novela, ésta se puede adquirir en Bogotá, en la librería Casa Tomada (se vendía también en la recientemente desaparecida librería La Madriguera del Conejo), y en Amazon.com (USA). El precio es el equivalente al costo de 4 cervezas frías del presente (2017) en un bar de estrato 3 de Bogotá.

A los interesados en contactar al autor, su cuenta en Facebook es: Julian (sin acento) Nalber y su correo electrónico oficial: nalberjulian@gmail.com

Aquí el primer capítulo:

Nunca antes pensé que iba a terminar dedicándome a este trabajo. Aunque me llamaba la atención lo veía como un oficio en el que se necesitaba una personalidad más aventurera y audaz. En todo caso, paulatinamente me organicé en esto y como dicen por ahí, hay que arar con los bueyes que se tiene. En verdad, mi vida, después de la desaparición de mis padres, estuvo directamente centrada en mi propia individualidad, alejado y únicamente enfocado en la profesión de entonces. Fui profesor por horas en varias universidades de la ciudad. Enseñé literatura en muchas facultades que, con el correr del tiempo, se fueron cerrando por las demandas de la vida contemporánea. El presente exige adiestrar futuros capitalistas enamorados de lo material, del consumismo brutal y del arribismo. No hay espacio para algo diferente. En épocas de profesor aprendí quizá más de lo que pude haber enseñado. Conocí de cerca todas las dinámicas de ese mundo académico con sus vanidades y mentiras. De esos tiempos me quedan algunos amigos y conocidos que me encuentro por toda la ciudad. Unos me reconocen, otros me ven y ponen cara de no acordarse. Entre mis clases y mis eternas caminatas de profesor gaviota aprendí a coexistir con Bogotá. No fue fácil, la ciudad cambia cada semana, cada mes. La que conocimos ayer ya no existirá mañana.


Después de renunciar a mi labor académica me dediqué a formalizar mi nueva profesión. De la vieja casona, compartida con colegas en el barrio Teusaquillo, pasé a un apartamento muy pequeño en la zona comercial de Chapinero, abajo de la avenida Caracas. Un apartamento acomodado a las malas que contaba con lo necesario y que sigue siendo un lugar bueno para pensar y dormir, pero que a veces es ajeno a ese sueño que alguna vez tuve de vivir en un barrio cercano a la avenida Circunvalar. Mi amistad con Lorenzo Perdomo fue clave para vincularme a este nuevo mundo. De niños asistimos los dos al mismo colegio de curas que quedaba en la calle 60 con 16 y que ahora lo aburguesaron más, cambiándole de nombre y mudándolo al norte de la ciudad. En esos patios del colegio fuimos felices en los campeonatos de microfútbol y en las fiestas de fin de año. En la adolescencia fuimos los mejores amigos y tuvimos mil aventuras que iban desde las más inocentes hasta aquellas que guardaron algún peligro y que, por ahora, no quisiera compartir. El hecho es que de él aprendí el oficio y de su experiencia me agarré por un par de años para ganar o tener ese olfato en procura de descubrir la verdad. Perdomo era sagaz y osado, tenía la mentalidad de un buen ajedrecista, rápido cuando necesitaba serlo, calculador y reflexivo cuando el instante lo requería. Contaba con un olfato agudo que le ayudaba a anticipar lo que se le venía. Aunque por mucho tiempo estuvimos distanciados, creo que jamás perdimos el contacto. Perdomo se ausentó por muchos años y realizó sus estudios superiores en Quito. Yo por mi parte estudié en una universidad pública que ahora recibe a una clase media disminuida, parte de una masa damnificada del sistema que a codazos vence su destino y alcanza a colarse en busca de algún conocimiento extra en procura de una vida menos trágica. Mi gran escuela para este trabajo se la debo a Perdomo, no tengo reparo en decirlo. Sus contactos también los heredé y de ahí que muchos de ellos me traten como si fuera él. No quiero pensar en recuerdos ni en historias pasadas, ya habrá tiempo para eso. Por ahora solamente deseo expresar esa gratitud que no quiero que se pierda en el diario sobrevivir. Suele pasar que cuando alguien se va, al principio lo lloramos y después solamente quedan imágenes y palabras dispersas. Con el paso del tiempo la evocación cada vez es menor hasta llegar al común olvido. No quiero que eso suceda con Perdomo. A él lo recuerdo cada vez que salgo adelante en un caso o cuando logro llegar a una meta que parecía muy lejana. Suelo recordarlo cuando en esta labor, al menos por unos momentos, me siento satisfecho con el trabajo ejecutado. Claro, esto no siempre pasa.




martes, 15 de agosto de 2017

BOGOTÁ SIGLO XXI



La volvieron brutalmente irracional, abrumadora y de un tráfico paquidérmico. La de los andenes destrozados, los triciclos eléctricos que van por las aceras y no respetan caminante. La de los espectáculos circenses en los semáforos: un hombre come fuego, otros artísticamente se convierten en estatuas y solo se mueven con una moneda. La de los vendedores de empanadas, envueltos de mazorca, flores, aguacates, mango verde con sal, mazamorra y minutos de celular. La del voceador vestido de payaso que hace malabares y a la vez promociona un restaurante de “almuerzo ejecutivo”. La de los venezolanos y millones de inmigrantes colombianos. Todos tienen derecho a rebuscársela como sea… para eso está Bogotá. La de los ricos que hacen frontera en sus barrios, colegios y universidades. La de las cuadras oscuras e intimidantes, la de las putas y travestis. La que huele a humo de camión viejo, La del raponero, el cosquilleo, el atraco y el paseo millonario. Ah, la Bogotá de los aguaceros en todos los meses. La de las estaciones de TransMilenio destartaladas, abarrotadas e insufribles (no olvidar la frase de un sabio bogotano: “el Transmilenio hace lo mismo que un metro”). La incluyente y la excluyente. La ciudad de Colombia a la que van todos a trabajar y a estudiar porque es la única del país que les/nos ofrece lo que en otras partes del país no existe. Ella sigue y seguirá siendo la caótica y agonizante pero aquella que tiene absolutamente todo.
A Bogotá la jodieron y la siguen jodiendo, pero ella es tan noble que aguanta y sigue siendo, a pesar de lo aporreada y vetusta, la única.
Palabras al aire y en línea del creador de este blog

lunes, 31 de julio de 2017

ENTREVISTA: LA NARRATIVA DE JOSÉ ANTONIO COVO MEISEL


Conocimos a José Covo Meisel en un taller de escritura creativa a mediados del año 2014. Sabíamos desde la primera clase de su talento y su futuro promisorio como narrador. Hoy José nos sorprende con dos novelas que están dejando huella dentro de las voces jóvenes de la literatura colombiana. Aquí una reciente entrevista con el autor.
 
LGD: ¿Cómo surgió el deseo de escribir narrativa?
 
JC: Yo empecé, como lo atestigua mi blog (misterbader.blogspot.com), escribiendo unos textos cuyo estilo y género son difíciles de describir o nombrar. Yo diría que son una especie de documento en algún punto medio entre el flujo de consciencia y una poética autorreferencial por momentos más estructurada, por momentos menos. Entre esos textos tempranos se cuelan un par de relatos que delatan efectivamente mis intereses posteriores. Esto para decir que el impulso para escribir narrativa era uno entre varios, y que los demás impulsos perviven en la forma de escribir que abordo actualmente.

LGD: Describe un día como escritor en tu vida.

JC: Típicamente me despierto a las ocho o nueve de la mañana. Desayuno, tomo café, me baño, y reviso correos y Facebook. Luego, si estoy escribiendo algo en ese momento, escribo durante una o dos horas. Almuerzo, leo, camino enérgicamente, escucho música o voy a cine. Con esta rutina escribí mis (hasta ahora) dos novelas.

LGD: ¿Cuál es tu rutina de escritura?

JC: Tengo un estado afectivo determinado que es el apropiado para escribir. Lo describiría como un estadio previo a la hipomanía. Es decir, debo estar emocionado acerca de lo que escribo. Eso conlleva el hecho de que no puedo escribir algo en lo que no crea como escritor y persona. A veces, si no encuentro dicho estado afectivo con facilidad, logro producirlo viendo un video en youtube sobre filosofía o algo que me interese y me emocione. A veces la música lo produce.


LGD: ¿Qué crees que es lo diferente o innovador de tus novelas?

JC: Creo que hay varias cosas. Por un lado, tengo una comprensión particular de las posibilidades del lenguaje y su función como significante. Cada frase se desliza sobre sí misma, es decir, implica su propia insuficiencia y la convierte en una suficiencia. Por otro lado, hago una mezcla entre narrativa y poesía que resulta productiva, tal vez por razones similares. Por último, tengo como ambición enunciar un estado de cosas particular, una situación generacional y existencial que se sufre y se disfruta al mismo tiempo.
 
 
LGD: Después del éxito de Osamentas relampagueantes, háblanos de tu segunda novela.

JC: Diré, para ser medianamente críptico, que, si Osamentas relampagueantes es una reflexión sobre, entre otras cosas, el problema de la realidad exterior, mi segunda novela, La oquedad de los Brocca, es una reflexión sobre el sujeto y su condición ética.


LGD: ¿Qué géneros literarios te interesan?

JC: La ciencia ficción, ciertos tipos de fantasía, la literatura experimental formal o conceptualmente.


LGD: En un mercado tan denso como el de los libros, ¿cómo promocionas tus trabajos?
 
JC: Hago lecturas en universidades o librerías.

LGD: Cuéntanos un poco de tu estilo narrativo. ¿Cómo lo defines?


JC: Es un estilo sincero, en la medida que la única manera de decir la verdad es a través de la mentira. El texto sabe que no es capaz de agotar la sustancia semiótica de la situación referente, y enuncia este hecho al mismo tiempo que enuncia la situación. Es una especie de distancia que acerca.


LGD: ¿Cómo te ha ido con los críticos?


JC: Nadie me ha vapuleado públicamente. Nadie ‘importante’ me ha promocionado, tampoco.


LGD: ¿Qué metas como escritor tienes?

JC: Enunciar la cosa misma.  

LGD: ¿Mantienes comunicación con los lectores? ¿Te afecta lo que te dicen?

JC: Varios lectores me han contactado por Facebook para decirme lo mucho que les gustaron mis libros. Ninguno me ha insultado. No sé si sea bueno o malo.


LGD: ¿Qué pregunta te gustaría contestar que no te han hecho?


JC: ¿Tienes ambiciones filosóficas?


JC: La pregunta es ambigua. ¿La ambición filosófica es sobre la posibilidad de ‘ver las cosas como son’ o sobre el hecho de escribir filosofía? En ambas
variantes la respuesta es afirmativa.

 

 
 

 

lunes, 3 de julio de 2017

BARRIOS DE BOGOTÁ: LA RESURRECCIÓN

Imágenes originales tomadas por el creador de este blog en julio de 2017. Barrio que se encuentra ubicado en el extremo sur de la ciudad, localidad Rafael Uribe, empotrado en lo que alguna vez fue el Bosque de San Carlos (Hospital San Carlos) , entre la carrera décima y la Avenida Caracas, sector que también se le conoce como Las Lomas.
 













sábado, 18 de marzo de 2017

HUBO UN ÁRBITRO...

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Hubo (quiero pensar que ya no va a volver a pitar) un nefasto árbitro colombiano que es recordado por su incompetencia. De él quedan las imágenes de aquel escandaloso gol con la mano del paraguayo Marco Lazaga que le permitió al Cúcuta Deportivo ascender en el año 2015 a la primera división del fútbol colombiano. También este personaje es tristemente recordado cuando como juez asistente (no pasó de tal condición) invalidó en el mismo año un gol legítimo de Yerry Mina en un clásico Santa Fe - Millonarios.  Pero como el que es "caballero" repité, pereciera que este árbitro no es solamente un profesional algo incompetente... sino un individuo de dudosa moral. A principios de este mes de marzo, Wilson Berrío arrolló con su auto un indefenso perro que se encontraba descansando a la entrada del conjunto en donde este individuo reside. Las imágenes del vídeo son desgarradoras y no merecen ser incluidas en esta entrada pero igual se pueden observar, editadas por su crudeza, en diferentes portales. Para quien escribe, las injusticias de todo tipo no pueden quedar impunes u olvidadas. En este caso un hecho tan reprochable de maltrato animal no puede permanecer ignorado o refundido. Solo se espera que ojalá la justicia (sí, la justicia colombiana...) cumpla con lo que tiene que hacer. De pronto estamos pidiendo mucho.

jueves, 9 de marzo de 2017

“VIVIR FUERA ME HA AYUDADO A RECUPERAR MUCHOS VÍNCULOS CON BOGOTÁ Y CON EL PAÍS”


Entrevista con el autor colombiano Luis Fayad
El nombre del escritor colombiano Luis Fayad (Bogotá 1945) se encuentra bordado en letras brillantes dentro de la literatura latinoamericana. Su sólida trayectoria como novelista y cuentista lo ha situado como un referente de la narrativa contemporánea, en particular como precursor e ícono del género urbano en Colombia. Su primera novela, y quizá una de las más emblemáticas, Los parientes de Ester (1978) tiene, sin duda, un lugar especial en la representación de la capital colombiana de mediados del siglo XX.  LEER MÁS

jueves, 5 de mayo de 2016

LA GUARDIA: UNA NOVELA URBANA MUY FUTBOLERA


Dentro de las nuevas voces de la literatura colombiana aparece Gabriel Andrés Ramírez Durán con su exitosa novela La Guardia (2013). En ella, el autor nos sumerge en el mundo urbano del “barrismo” y la desenfrenada pasión de los jóvenes bogotanos por un equipo de fútbol tan tradicional como lo es el Independiente Santa Fe.

Por medio de una narrativa fresca, dinámica y muy contemporánea en lo que tiene que ver con el uso de los nuevos lenguajes de las redes sociales, surgen sus personajes que viven intensamente el fútbol, la ciudad y la rumba. Una novela recomendada que logró asomarse con personalidad a pesar de la tradicionales dificultades que enfrentan los escritores noveles para publicar sus textos. La Guardia es una apuesta por el fútbol, Bogotá y la literatura sin padrinos, una aventura que se debe apoyar.
A continuación una charla con el autor.

LGD: Cuéntenos quién es Gabriel Andrés Ramírez Durán, autor de la novela La Guardia.

GR: Soy un escritor bogotano santafereño, gótico y buena gente.

LGD: ¿Cómo surgió el deseo de escribir esta novela?

GR: Surgió a partir de querer hacer algo más con mi supuesta creatividad, ya que como copy (redactor publicitario), hay mucha barrera para explotar toda tu imaginación y escribir o crear lo que se quiera.

LGD: ¿Cómo interpreta usted el fenómeno del llamado “barrismo” en Colombia surgido
en el sur del continente y que se trata en su obra?

GR: El barrismo acompañado de violencia e intereses económicos se ha convertido en un peligro para la sociedad. Los barristas violentos son pandilleros con camiseta de equipo. Una pandilla muy grande y agresiva, y si hay bastante dinero y poder de por medio -como en realidad lo hay-, es un tema delicado.

LGD: En La Guardia existe una intensidad narrativa casi fílmica relacionada con la vida de los personajes y la trama de la historia, ¿cómo se logra esta fuerza en el texto?

GR: Gracias. Creo que viene de mi experiencia como copy en la cual al hacer guiones para comerciales se vuelve uno muy visual, esto acompañado de mi pasión por el cine. No quería una novela con mucha descripción, sino una con mucha acción y para ello opté por una narrativa intensa y sí, muy visual.

LGD: ¿Qué influencias literarias y no literarias tiene su escritura?

GR: Me gusta mucho la literatura urbana. La ciudad y los perros de Vargas Llosa me marcó. También leí un cuento en El Malpensante de un escritor cubano, en el cual el lenguaje era muy coloquial y vulgar; muy real, eso me gustó. Creo que para el mundo “barrista” una narrativa tradicional no hubiera funcionado.

LGD: ¿Qué tanto hay de realidad y ficción en la novela?

GR: Digamos que Gabriel y Pacho y en menor medida Kalimán, se alimentan de mis vivencias. Es una mezcla de realidad y ficción. Para mí fue maravilloso ver cómo los personajes cobraron vida y me halaban. Como si el genio creativo (si lo tengo, espero que sí , risas) me hubiera poseído.

LGD: El texto cuenta con múltiples aproximaciones discursivas: mensajes electrónicos, diálogos, virtualidad, todas dentro del mundo actual de la juventud y la tecnología. ¿Fue siempre su idea integrar en la novela esta pluralidad?

GR: Creo que fue algo muy orgánico. Más que planearlo surgió a través de la dinámica de los personajes y cómo se comunican las personas en este nuevo marco de la internet.

LGD: ¿Cómo define a los personajes principales de la novela?

GR: Gabriel es alguien que vive físicamente en los Estados Unidos, pero su cordón umbilical con Bogotá y sobretodo con Santa Fe nunca fue cortado, eso lo hace vivir en ese otro plano de también vivir en Bogotá a través de la nostalgia y del mismo equipo.
Pacho es un rockero único, no es “gomelo” pero vive bien, es viajado, trabaja en una de las agencias más importantes del país, se mueve en un mundo “gomelo” pero lo que lo apasiona es el rock y Santa Fe.
Kalimán es el típico barrista, aunque -a diferencia de muchos- él tiene la oportunidad de asistir a una universidad privada. Algo que lo marca es la pérdida de su novia. Debido a la pereza y otras circunstancias, dejé de escribir la novela y lo que me motivó a seguir escribiendo fue una tusa, la cual alimentó mucho al personaje.

LGD: ¿Qué tan importante es la cuestión urbana en la novela, en especial la representación de Bogotá?

GR: Mucho. Bogotá -al igual que Los Ángeles- e incluso Madrid son casi que otros personajes, por raro que suene.

LGD: ¿Qué le diría a alguien que desea leer su novela pero que aún no lo ha hecho? ¿Qué va a encontrar en ella?

GR: Que es un viaje interesante. Que tenga paciencia, pero que la lea completa, que seguramente será una grata experiencia. Obviamente el santafereño se la gozará mucho más.

LGD:  La editorial que publicó su libro no parece muy conocida, desde luego esto no tiene nada que ver con la calidad del trabajo, pero, ¿tiene la novela una buena distribución?

GR: La verdad es que la novela es un esfuerzo personal, yo la publiqué e imprimí por mi cuenta, me refiero a que contraté al alguien pero no tuve el apoyo de nadie. En la distribución tuve algo de suerte ya que la hermana de un amigo de La Guardia (la barra) trabajaba en "Panamericana". Es más, si el dueño de la “Tienda Roja” me hubiera colaborado, vendiendo la novela en las tiendas, seguramente me habría hecho millonario, no mentiras, azul nunca… risas.

LGD: ¿Qué otros proyectos se avecinan?

GR: Empecé a escribir una novela (Abnocto) que es sobre mis vivencias en el mundo gótico. Hay cosas de Gabriel y su mundo que se trasladan a ella.

 LGD: Finalmente un par de preguntas obvias y de cliché, ¿qué es Independiente Santa Fe para usted?, y ¿cómo maneja esa relación de amor a distancia, sabiendo que usted vive fuera del país?

GR: Es algo que como dicen “el que no lo vive no lo entiende’. Es una pasión y un lazo que me ata y me hala mucho. Nunca es lo mismo ver un partido por televisión e incluso por computador que en el estadio, eso duele.


lunes, 14 de diciembre de 2015

UNA ESTRELLA MÁS EN EL FIRMAMENTO CARDENAL


Independiente Santa Fe de Bogotá, El León bogotano volvió a rugir y logró una estrella que para muchos era impensada. Gracias a la humildad, el trabajo y la eterna fe se llegó a una final que por momentos parecía ser una condena por lo complicado que se veía alcanzar el triunfo. Pero al final la alegría arribó y Santa Fe con esa convicción de siempre obtuvo un triunfo internacional inmenso, titánico, legendario.

Santa Fe con pocos jugadores costosos, con muchos jóvenes salidos de las inferiores, con muchos obreros, con un presupuesto apenas digno para el medio suramericano, alcanzó una meta que otros con mayores herramientas y dinero no han conseguido. ¡Gracias, Campeón! ¡Gracias por tanta alegría y que vengan más!

Copio las palabras del poeta Federico Díaz Granados que salieron en la edición del domingo 13 de diciembre de 2015 en el periódico El Tiempo de Bogotá:

“Sentir por un momento que el cielo de América se tiñe con los colores de mi equipo y que el continente entero se llama Independiente Santa Fe es la mayor recompensa a mi lealtad y fidelidad, y eso ya nadie nos los arrebatará nunca”.

 




 



 



  

viernes, 12 de junio de 2015

CLÁSICOS BOGOTANOS MEMORABLES II


Continuación de la anterior entrada en la que relaciono esta vez dos clásicos del año 1986 en los que surgió la legendaria imagen de Carlos Fernando Navarro Montoya, arquero colombiano de padre argentino que vistió los colores de la Selección Colombia en el repechaje ante Paraguay en 1986, y que posteriormente defendió por casi diez años el arco de Boca Juniors.

Febrero 23 de 1986
DEBUT DE NAVARRO MONTOYA, ÍDOLO CARDENAL
Millonarios 0 – Santa Fe 0

Inicio de temporada y con ella la llegada del primer clásico del año. Duelo de arqueros y un resultado justo que pudo haber entregado como ganador al equipo cardenal pero que gracias a las solventes salvadas de Basigalup, arquero azul, el duelo terminó dividido en tablas. Este clásico fue el debut oficial de Carlos Fernando Navarro Montoya en Bogotá, ídolo santafereño que por ese año se encargó de ponerle un cerrojo a la cabaña cardenal. Navarro Montoya siempre será recordado por su profesionalismo, entrega y amor por el equipo rojo.

Alineaciones

Millonarios: Eduardo Esteban Basigalup, Norberto Gil, Miguel Prince, Antonio Gringo Palacios, Hernando Mico García, José Cheché Hernández, Juan Carlos Díaz, Marcelo Trobbiani, Gabriel Jaime Barrabás, Gómez (Norberto Peluffo), Juan Gilberto Funes, Arnoldo Iguarán. DT: Eduardo Retat.

Santa Fe: Carlos Fernando Navarro Montoya, Édison Álvarez, Álvaro Calidad Núñez, Astolfo Romero, William Morales, Hernando Pimienta Cuero, Orlando Batato Castro, Diego Umaña, Hugo Ernesto Gottardi, Juan Carlos Rodríguez, Daniel Teglia (Sergio Daniel Odine). DT: Jorge Luis Pinto.

Abril 13 de 1986
AQUEL GOLAZO DE ODINE EN EL MINUTO 89
Santa Fe 1 – Millonarios 1

Segundo clásico del año y en un partido arduamente disputado Millonarios se había ido en ventaja con gol de Peluffo. Santa Fe rondando el área de Basigalup se acercaba constantemente pero el empate parecía inalcanzable ante la implacabilidad del tiempo. Pero la justicia esta vez llegó a través de un soberbio tiro libre cobrado magistralmente por Sergio Daniel Odine que empató el cotejo. La alegría santafereña no se hizo esperar, la celebración y euforia de Navarro Montoya despertó la furia de los jugadores y técnicos azules. El partido terminó en una triste reyerta en la que muchos aún recordamos la artera patada de Arnoldo Iguarán a Navarro Montoya y su posterior cobarde huida. 

Alineaciones

Santa Fe: Carlos Fernando Navarro Montoya, Édison Álvarez, Astolfo Romero, Orlando Batato Castro, William Morales, Hernando Pimienta Cuero, (Diego Umaña), José Luis Carpene, Dorian Zuluaga (Félix Cetré), Sergio Daniel Odine, Hugo Ernesto Gottardi, Daniel Teglia. DT: Jorge Luis Pinto.

Millonarios: Eduardo Esteban Basigalup, Eduardo Pimentel, Germán Gutiérrez de Piñeres, Luis Norberto Gil, Hernando Mico García, José Cheché Hernández, Juan Carlos Díaz, Norberto Peluffo, Gabriel Jaime Barrabás Gómez, (Hugo Galeano), Arnoldo Iguarán, Juan Gilberto Funes, (Alfredo Pirata Ferrer). DT: Eduardo Retat.

Arbitro: Gilberto Aristizábal


*Varios datos tomados del libro Historia del clásico Millonarios Santa Fe de Guillermo Ruiz Bonilla, editorial Panamericana, 2014.

*Un dato no menor: el último clásico a la fecha se celebró el 17 de mayo de 2015. Ese día dos de los tres jueces (Wilmer Roldán, central y Wilson Berrío, asistente) tuvieron una desastrosa actuación. Berrío levantó su bandera y anuló insólitamente un gol legitimo de Independiente Santa Fe cuando el partido se encontraba 1-1. Y al final, Roldán omitió un claro penal que derivó en un contragolpe con el cual Millonarios ganó y eliminó a su rival de patio de los cuadrangulares finales. Un nefasto clásico que hizo recordar las amargas épocas de Rodríguez Gacha. 

GOTTARDI VESTIDO DE AZUL

  En la década del ochenta Independiente Santa Fe tuvo dos jugadores que se robaron el cariño de la hinchada cardenal gracias a su tra...