LA CIUDAD Y SUS ROPAJES
El personaje, bicultural y bilingüe, principal de la novela "El común olvido" de Sylvia Molloy al regresar a Buenos Aires después de vivir por muchos años en Estados Unidos afirma:
---
La dificultad de hablar de esta ciudad cuando se está aquí. Es como un vértigo perpetuo, no he conocido ciudad donde se pueda estar más a la deriva, sin tener la sensación de llegar a ningún lado. Los recuerdos de viajes anteriores, en su mayoría borrosos cuando no falaces, se han ido añadiendo a la vaga imagen que me llevé de chico, pero en lugar de componer una textura densa, en que cada capa va enriqueciendo las otras, una suerte de pentimento de Buenos Aires, como hubiera dicho mi madre en un momento oracular (uno de sus opinion days, como los llamaba para hacerla rabiar), mi Buenos Aires se deshace a cada paso. No es sólo que los lugares que creía conocer van siendo reemplazado (sic) por otros, es la ciudad entera que, como presa de un sacudimiento sísmico, se va desplazando, deslizándose, se diría, hacia otras latitudes, inventándose un nuevo centro a medida que desaloja el viejo, como a fines del siglo pasado, dejando atrás cines abandonados que se han vuelto iglesias evangélicas o tiendas de saldos, ruinas donde una vez hubo luces y prestigio. (36)
---
De cierta medida el anterior fragmento podría corresponder a cualquier ciudad grande latinoamericana. Pienso en Bogotá y sin duda cada vez que la visito encuentro una ciudad diferente, vestida de diversas tonalidades y trajes. Quizá, el barrio Chapinero me resulta un excelente ejemplo para observar detenidamente esa transformación que en buena medida está relacionada con una economía que exige que la ciudad y sus habitantes vivan una especie de metamorfosis crónica. Lo que hoy es un local de fotocopias con una ventanita en la que se venden empanadas, mañana será una cafetería que a su vez fracasará y en dos meses albergará una sucursal de un banco... Igualmente queda en la realidad esa sensación de algún movimiento o expansión, acaso involuntario, que el personaje de la novela bien expresa al reencontrase con su ciudad.
A partir de aquí dejo algunas imágenes de Buenos Aires tomadas entre mayo y junio del 2007. Seguramente no pasarán muchos meses para que tales imágenes se camuflen y enseñen, en muy poco tiempo, otros paisajes urbanos. Cada fotografía se podrá ampliar haciendo un “click” sobre la misma.








ROSTROS DE BUENOS AIRES
---
La dificultad de hablar de esta ciudad cuando se está aquí. Es como un vértigo perpetuo, no he conocido ciudad donde se pueda estar más a la deriva, sin tener la sensación de llegar a ningún lado. Los recuerdos de viajes anteriores, en su mayoría borrosos cuando no falaces, se han ido añadiendo a la vaga imagen que me llevé de chico, pero en lugar de componer una textura densa, en que cada capa va enriqueciendo las otras, una suerte de pentimento de Buenos Aires, como hubiera dicho mi madre en un momento oracular (uno de sus opinion days, como los llamaba para hacerla rabiar), mi Buenos Aires se deshace a cada paso. No es sólo que los lugares que creía conocer van siendo reemplazado (sic) por otros, es la ciudad entera que, como presa de un sacudimiento sísmico, se va desplazando, deslizándose, se diría, hacia otras latitudes, inventándose un nuevo centro a medida que desaloja el viejo, como a fines del siglo pasado, dejando atrás cines abandonados que se han vuelto iglesias evangélicas o tiendas de saldos, ruinas donde una vez hubo luces y prestigio. (36)
---
De cierta medida el anterior fragmento podría corresponder a cualquier ciudad grande latinoamericana. Pienso en Bogotá y sin duda cada vez que la visito encuentro una ciudad diferente, vestida de diversas tonalidades y trajes. Quizá, el barrio Chapinero me resulta un excelente ejemplo para observar detenidamente esa transformación que en buena medida está relacionada con una economía que exige que la ciudad y sus habitantes vivan una especie de metamorfosis crónica. Lo que hoy es un local de fotocopias con una ventanita en la que se venden empanadas, mañana será una cafetería que a su vez fracasará y en dos meses albergará una sucursal de un banco... Igualmente queda en la realidad esa sensación de algún movimiento o expansión, acaso involuntario, que el personaje de la novela bien expresa al reencontrase con su ciudad.
A partir de aquí dejo algunas imágenes de Buenos Aires tomadas entre mayo y junio del 2007. Seguramente no pasarán muchos meses para que tales imágenes se camuflen y enseñen, en muy poco tiempo, otros paisajes urbanos. Cada fotografía se podrá ampliar haciendo un “click” sobre la misma.

ROSTROS DE BUENOS AIRES
Comentarios
Un abrazo,
A.