EL HINCHA ROJO Y SU PRIMER AMOR


Me he rehusado a escribir acerca de mi equipo de fútbol favorito pues no deseo hacer de este espacio un blog dogmático de juicios sectarios y apasionados. Sólo quiero esta vez referirme a algo que vi en el estadio Nemesio Camacho “El Campin” de Bogotá hace unos años durante un clásico y que merece unos cuantos comentarios.

Escrita en un gigantesco lienzo y colgada en una de las tribunas populares del estadio El Campín de Bogotá rezaba una frase romántica y nostálgica: “Santa Fe mi primer amor”. En esas palabras tan "dulzonas" e infinitamente repetidas se entiende la relación mística y mágica del hincha con su equipo. El hincha, ese ciudadano X que ahorra toda la semana para comprar su boleta y asistir al estadio estoicamente simplemente desea expresar su inmenso amor sin pena ni prejuicio. Su escuadra convertida en religión, sus jugadores idolatrados hasta la demencia son un motor continuo que jamás se apaga. Cualquier hincha de fútbol en el mundo experimenta esa pasión, a veces tan humana, a veces tan irracional que sólo se podría comparar con un amor enfermizo que nadie entiende. Y, es que esa relación entre el fanático con su equipo puede permitir cualquier tipo de estudio psicológico, sociológico, cultural o hasta psiquiátrico. Lo que le pide el hincha a su escuadra es simplemente un gol, un triunfo, una alegría.
Los minutos pasan, las alegrías son momentáneas, los partidos son historia y la vida sigue. Pueden pasar años sin campeonatos, sin un triunfo que transcienda en la mente, pero igual la hinchada nunca se entrega y sueña con algo grande, un triunfo en un clásico, un campeonato o quizá clasificar a un gran torneo internacional. El fanático siempre estará ahí, pidiendo tan poco y a cambio entregándolo todo.
Hoy por hoy la hinchada santafereña se ilusiona después de que la dirigencia, tantas veces equivocada, parece haber hecho las cosas bien. Y como cada inicio de temporada, después de repetidas frustraciones, una vez más renace ese amor, ese primer amor. Ya no somos los mismos, la ciudad es otra, los jugadores que enamoraron aquella hinchada por primera vez ya no estarán en el gramado de la 57, pero la ilusión rebelde persiste y ese primer amor está y seguirá más vivo que nunca, dejando una huella tan honda que no se podrá olvidar. Un primer amor al cual el hincha cardenal esta vez le pide un reencuentro, "un volvamos a empezar" porque el autor de aquella frase que reposaba en la tribuna sur aquella tarde, siempre estará ahí presente, esperando una nueva oportunidad de reconciliación, esperando un sueño que esta vez podría llegar a ser una realidad. Igual de no lograrse la meta, a quién le importará... El amor es ciego.

Comentarios

Quimulá dijo…
Estoy totalmente de acuerdo con vos. Aunque siempre me hubiera gustado ver todo desde la perspectiva del jugador. Me gustaría poder entrar a la cancha con un estadio repleto, ver la hinchada gritando durante todo el partido y que mejor manera que demostrar mi amor correspondido con un gol, y enloquecerme e irme a celebrarlo con la hinchada, pegado de las mallas, luego me quito la camiseta del equipo y se las regalo...finalmente vuelvo al gramado y el arbitro me espera con una tarjeta amarilla...pero no importa...

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