EL DESTINO
Palabras de presentación del libro El destino es el regreso de Jaime Orrego.
Acto realizado en el Centro Cultural Otraparte de Medellín.
Medellín, 26 de julio de 2012.
Es muy grato para mí reunirnos esta noche con el objetivo de presentar el primero de varios libros que nacerán de la pluma de mi amigo y colega Jaime Orrego. El destino es el regreso es apenas el primer sorbo del caudal literario e investigativo que Jaime, con el paso del tiempo, nos brindará para deleite de todos sus lectores que poco a poco lo irán conociendo y que lo tendrán como referente seguramente dentro del mundo de las letras colombianas independientes; aquellas que nacen sin la ayuda de amiguismos; sin los excesos de la publicidad que comercia todo, y sin las conexiones tan populares de nuestro medio colombiano.
La travesía de escribir comienza desde el mismo momento en que los laberintos de la imaginación se cruzan y ponen a pensar y a divagar al individuo. El paso más trascendental y difícil es el de reflejar en la fría hoja de papel todo ese mundo de imágenes, encuentros y situaciones que no descansan, y que se cruzan entre sueños, recuerdos, quimeras e ilusiones. La tarea, harto difícil por demás, del escritor es convertir esa madeja de imágenes en palabras, frases trabajadas y finamente elaboradas que a su vez cumplan con el ciclo de crear nuevos mundos y universos en los lectores que son finalmente los receptores de esta comunicación. Son ellos, los lectores, los que definitivamente tendrán la última palabra para emitir el juicio final. El cuento, el poema, la novela dejan de pertenecer al artista y se convierten en parte de ese lector que emocionado hará suyas esas páginas o por el contrario las dejará huérfanas sin el mayor interés o aprecio.
En un país como el nuestro tan conflictivo e injusto, en donde el acto de la lectura y la escritura tiene tantas distracciones y enemigos, y en donde las letras y las artes están menospreciadas y la educación se vende como un producto de supermercado; intentar crear universos a través de las palabras tiene que ser un acto plausible y digno de imitar. El rescate de los lineamientos básicos de la escritura basados en la ortografía, la redacción, la sintaxis o la gramática deberían ser pilares de la educación primaria y secundaria de nuestros niños y adolescentes. Tristemente muchos de los universitarios del presente llegan incluso a graduarse sin tener la capacidad para escribir una carta. Ahora recuerdo aquella noticia muy publicitada en los periódicos del país del profesor universitario Camilo Jiménez de una universidad privada bogotana que después de fallidos intentos en un taller de redacción terminó por renunciar públicamente a su cátedra ante la imposibilidad de que sus estudiantes entendieran la importancia de la materia y llevaran a buen termino las enseñanzas del maestro. Escribir y leer es pensar más de dos veces, es analizar y descubrir, es un juego matemático que requiere preparación, disciplina y práctica.
Contrario a lo que podríamos creer cuando decimos que una imagen vale más que mis palabras, tendríamos que pensar que una palabra bien dicha en un momento determinado puede ser más punzante, más puntual que esas mil imágenes. Pero nos han enseñado el mínimo esfuerzo, nos han acostumbrado al pensamiento poco reflexivo, y es por eso que la televisión y el mal cine se valora y se promociona más que un buen libro. Los estudiantes ya no leen lo que deben leer, mejor esperan que la novela y o el cuento salga en el formato de película pues así es más fácil y aparentemente más divertido.
No hay vida mas vacía que aquella en la que transcurre sin imaginar y soñar, la de vivir el día a día pensando que el lugar en donde se reside es el centro y que no hay otra dimensión diferente a aquella en la que se pasan los días sin siquiera sospechar la diferencia, la otredad. Dentro de esa falacia nacen males tan peligrosos como el racismo, la homofobía, el sexismo, la xenofobia o el muy conocido regionalismo enfermizo que divide en pedazos lo que debiera ser una sola unidad, de eso nosotros los colombianos si que nos dejamos dominar. No podemos pasar un solo día sin imaginar o fantasear, esa tarea tendría que tenerla siempre el ser humano y así tener latente la capacidad de asombro. Y en ese camino un buen libro nos enriquece y nos permite viajar por mundos y reinos desconocidos, es la herramienta sabia para ejercitar la imaginación. “Yo nunca he visitado la bella Buenos Aires pero la conozco bien gracias a Borges, Cortazar y los tangos de Gardel” me decía alguna vez un conocido. “Yo siento y respiro las atmósfera y la vida de los pueblos españoles del siglo XVII cuando leyendo cabalgo a la par con don Quijote y Sancho” me reiteraba alguien más. Leer es la llave, no hay otra posibilidad.
En esa ruta escribir y brindarle al lector la oportunidad de imaginar es sagrada.
Vladimir Nabokov cuando impartía sus clases de literatura en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos hablaba de la responsabilidad del verdadero escritor. El escritor debe actuar como un encantador, un brillante narrador y un maestro. Al hablar de encantador se refería a la inminente habilidad para transportar al lector y llevarlo casi dormido o anestesiado hasta el final de su relato, hasta el último reglón de la página final; práctica que García Márquez denomina como el “trabajo de carpintería” en la que metafóricamente se martilla y se asegura cada parte de la mesa con clavos y tornillos. Relacionado con ese ejercicio el buen escritor debe manejar la palabra escrita como el mejor, tiene que dominar la técnica narrativa sabiamente, el contador de historias triunfa a través del manejo de la palabra, si falla en la elaboración de la frase, si introduce un adjetivo innecesario o alimenta un párrafo dominado ciegamente bajo el imperio de la emoción como decía Horacio Quiroga, perderá el interés de su receptor el lector y éste cerrara el libro para no volverlo a abrir jamás. Finalmente, Navokov cuando hablaba de la maestría del escritor explicaba que además de ser un encantador y un excelso narrador, nuestro verdadero escritor estaba en la obligación de ser un maestro y en lo posible enseñar algo, dejar alguna semilla del conocimiento en ese potencial lector. Bien sabemos que esta trilogía en la mayoría de los escritores queda resquebrajada y son pocos los que cumplen con el dictamen que pregonaba el viejo escritor y profesor ruso.
Esta noche, en una ciudad tan fascinante como Medellín, tan llena de historias, cuna de verdaderos escritores dentro de la denominación que hacia Nabokov, una ciudad tan oral y vibrante, en donde la trillada realidad supera la ficción; en este salón colmado de lectores y amantes de la literatura nos hemos citado para darle la bienvenida a una nueva voz que nos llevará a varios rincones de esta misma ciudad, o nos invitará a conocer esquinas bogotanas, bares y calles de ciudades tan poco conocidas en nuestro imaginario colombiano como Iowa City, Valparaíso o Normal, Illinois. Es en este momento, al leer sus historias que comenzamos a jugar con el tiempo, con la fantasía y el misterio del pasado, del presente y el futuro. Jaime Orrego con su colección de historias nos hace un llamado a un viaje y con él, el reto de enfrentar una aventura que sin duda no reparará en sorpresas y descubrimientos.
Muchas gracias,
Álvaro A. Bernal
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