LAS RAZONES DE LA “FIESTA BRAVA”
Mi papá era un seguidor acérrimo de las corridas de toros, un amante empedernido de todo lo relacionado con su amada España. Ahorraba para comprar los abonos con meses de anterioridad y era inquilino puntual de los tendidos de sombra. De niño varias veces fui con él a algunas corridas de la temporada taurina de Bogotá. Yo vi a Paquirri, Manzanares, “El Puno”, Pepe Cáceres y otras figuras de la época que venían a Colombia. El punto más alto de la afición taurina de mi padre pudo ser cuando estuvo en España y fue testigo de la apoteósica tarde de Palomo Linares; ese día Palomo salió en hombros por la puerta grande cortando rabo y orejas. Las fotos que él tomó esa tarde en Las Ventas yo las conservo todavía. Penosamente no alcanzó a ser testigo de los triunfos de César Rincón en España, se hubiera emocionado mucho.
Ahora que el tema de las corridas está tan de moda por la suspensión de este tipo de eventos por el alcalde Petro en Bogotá aparecen cientos de voces acaloradas a favor y en contra de esta decisión. Las voces y las razones que defienden las corridas suenan a humo bien vendido, dicen que es una tradición cultural que hay que respetarla, que los toros no sufren, argumentan que es arte, etc. Incluso acabo de leer unas consideraciones de Fernando Savater publicadas en El Espectador que parecen sacadas del sombrero de un mago, inverosímiles y fantasiosas. El filosofo español salió con una serie de elucubraciones traídas de los cabellos (al respecto léase la columna de Nicolás Rodríguez: “ética bestial” en el mismo periódico). Como alguien dijo por ahí sobre el tema: es más fácil encontrar un buen torero alemán que un buen filosofo español…
Pero bien, entender simplemente que los animales no deben hacer parte de ningún espectáculo debería ser argumento suficiente para repensar este tema. Decir que los animales no sufren y no son martirizados en este ritual es negar la realidad.
En Colombia queda claro que hay una corriente muy fuerte de estrato 6 que usando los medios (muchas veces son dueños de ellos o al menos participan de los mismos) que presionan a favor de las corridas y lo hacen en medio de un jueguito simple de repetición de opiniones, todas encaminadas a lo mismo, ejemplo: Alberto Casas, muy rolo él, habla en la FM; María Isabel Rueda hace lo mismo y de paso se va con todo contra Petro; Antonio Caballero con su acidez y arrogancia escribe y pretende imponer su opinión; Alfredito Molano, muy taurino él y tan sabio en otros temas, entrevista a Savater y los dos concluyen que es un crimen a la libertad no tener corridas de toros. Yo te pregunto, tú me contentas y después tú me preguntas y yo te contesto. Todos ellos y algunos otros desde arriba (siempre desde arriba) salen y pontifican una y otra vez para concluir más del mismo parloteo y así manipular a los que no tienen ni idea pero que aparentan gustarles esta “fiesta”: “que la tradición cultural”, “que somos hijos de España”, “que los toros no sufren”, “que los que atacan las corridas no deberían comer carne”, “que ellos (los taurinos) son una minoría” (¿y quien defiende a los toros que sí son minoría?). Y la presión es tan fuerte que parece que las corridas volverán… Claro que se me antoja que paulatinamente este ritual perderá adeptos y pasadas algunas décadas desaparecerá pues cada vez los argumentos se menos creíbles y a la vez la gente parece estar más consciente del delirio enfermizo de estos espectáculos. Todo esto será cuestión de tiempo y paciencia. Termino con las palabras escritas por Andrea Padilla en el portal La silla vacía: “La ética es sólo una. No es una opción personal, es un imperativo vinculante. Por ello, el respeto a la vida de los animales y de los más vulnerables será siempre el termómetro que mida cómo se plantea la ética una sociedad.”
Comentarios