MOMENTOS

Una tarde en un concurrido y céntrico bar de Buenos Aires mientras miraba pasar la gente y alguien me preguntaba acerca del recurrente tema del estereotipo de la violencia colombiana, apareció desde el fondo del lugar la musiquita entre pegajosa y romanticona de Leonardo Favio. Pregunté por el nombre de la canción, lo anoté, ignoré el tema de la violencia crónica de la patria y el blah, blah del diálogo. En ese momento me sentí privilegiado al escuchar la música del Maestro Leonardo Favio como alguien me lo nombró animadamente. El ritmo iba bien con el video real de las miradas, el golpeteo de los vasos, las sonrisas y el ruido del lugar.

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