WHITMAN

En 1994 como parte de un trabajo final para graduarnos en la Universidad Pedagógica Nacional, mi amigo Helver González y yo tuvimos que escoger un texto o un artículo original para traducir. Esto sucedió durante una clase-taller de traducción escrita del Inglés al Español. El trabajo que escogimos aquella vez era la titánica labor de traducir algunos poemas de Walt Whitman. Desde luego conocíamos algunas de las legendarias traducciones al Castellano de la poesía de este autor, pero lo de nosotros pretendía ser algo nuevo, diferente, algo así como actualizar dicho material. Entre los poemas que más nos cautivó estaba “Whoever You Are Holding Me Now In Hand”, poema que continúo aún leyendo y releyendo. Estando ahora en Bogotá y rebuscando papeles del pasado me encontré con este manuscrito. Dejo en esta ventana esta imperfecta traducción y lo hago también como un pequeño homenaje a Helver, amigo que a pesar de su desaparición siempre está en mi pensamiento.
TU QUIENQUIERA QUE SEAS QUE ME TIENES AHORA BAJO TU PODER
Tú, quienquiera que seas que me tienes ahora bajo tu poder,
Sin una cosa todo será inútil,
Te advierto honradamente, antes que pretendas más de mí,
No soy como tu suponías, sino muy diferente.
¿Quién ha de tomar mi lugar?
¿Quien se suscribiría candidato a mi amor?
La ruta es sospechosa y el resultado incierto, tal vez funesto,
Habrías de renunciar a todo, yo sería tu modelo único y exclusivo,
Tu noviciado sería largo y extenuante,
Habrías de abandonar toda teoría pasada de tu vida y toda
conformidad con las vidas que te rodean,
Déjame entonces ahora, no te incomodes, quita tu mano de mi hombro,
Déjame y continua tu camino.
O bien inténtalo secretamente en algún bosque,
O detrás de una roca al aire libre
(Pues en las habitaciones techadas de una casa, no me muestro, ni en compañía,
Y en las bibliotecas permanezco mudo como un tonto, como si aún no hubiese nacido, o como un muerto),
Pero de repente contigo en una alta colina, seguros de que nadie pueda acercarse o sorprendernos,
O tal vez en el mar navegando contigo, o en la playa, o en alguna isla perdida,
Te permitiré posar tus labios sobre los míos
Con el largo beso del camarada o del nuevo esposo,
Porque yo soy el nuevo esposo y el camarada.
O si lo quieres, deslizándome bajo tu traje,
Donde pueda sentir los latidos de tu corazón o descansar contra tu cadera,
Llévame contigo cuando partas por tierra o por mar, porque sólo me basta tocarte,
Y así, tocándote dormiré en silencio y seré llevado eternamente.
Pero al leer estas hojas te pones en peligro
Porque a estas hojas y a mí no nos comprenderás,
Te eludirán al principio y más aún después, con certeza me escaparé de ti,
Aún cuando pienses que soy irremediablemente tuyo: Cuidado,
Ya ves me escapé de ti.
Pues no escribí este libro, por lo que en él he puesto,
Ni es leyéndolo como lo asimilarás,
No son aquellos que me admiran y jactanciosamente me alaban quienes mejor me conocen,
Ni las candidatos a mi amor (salvo muy pocas) cantaran victoria,
Ni mis poemas harán bien solamente:
Igualmente harán el mal, tal vez más que el bien,
Pues todo será inútil sin aquello que puedas tratar de adivinar muchas veces sin acertar aquello que he aludido.
Luego entonces, déjame y prosigue tu camino.
(Traducción Álvaro Bernal/Helver González).
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